Barcelona, 7 de octubre de 2008

07 Octubre 2008 21:59 Ginés Alarcón

Querido Andrés,

como hace varios días que no nos encontramos en gmail, aprovecho este espacio para explicarte algunas historias recientes de las que nos gusta comentar. El viernes pasado Llorenç me llevó a un concierto del LEM en el auditori del MACBA. Como homenaje a las tardes que pasamos en aquella sala escuchando a Francisco López hablando de la noosfera, nos sentamos en las mismas sillas que solíamos ocupar. Fue agradable volver a sentir aquella oscuridad, aunque el concierto no me gustó demasiado. El artista era Llorenç Barber, entrado en años y según comentan, uno de los pioneros del minimalismo en España. Pero como digo, no me gustó. Sí fue divertido, porque apareció tras una puerta con una campana y un mazo, y fue dando vueltas por la sala hasta que llegó al escenario, donde le esperaban una decena de campanas colgadas del techo con una cuerda. A veces recitaba un monólogo rapidísimo mientras modulaba la voz, y otras tocaba las campanas. También se subió a una escalera, se puso un platillo en la cabeza y lo estuvo golpeando un rato. Aquel momento en concreto sí me gustó, por el sonido y el gag, pero las campanas, en general, no me interesan. Te recomiendo la radio del MACBA, porque tiene un programa, Recerca, con un monográfico sobre la música experimental en España, y podcasts de Esplendor Geométrico y Francisco López, entre otros. Este último, por cierto, con el testimonio de Rafael Flores (Comando Bruno).

Cambiando de tercio, hoy he tenido diversos contratiempos. El primero ha sido con el bicing. Al acercar mi tarjeta a la máquina ponía que mi bicicleta ya estaba en uso, que no podía coger dos. He llamado y me han dicho que la cogí ayer y que todavía no la había devuelto. Lo más probable es que fuese un error de la máquina. Total, que hasta mañana no puedo usar el bicing y me cobrarán 150 euros que luego tendré que reclamar por fax. Luego, cuando he llegado a casa he visto que tenía nuevamente un cargo extra en la factura de Telefónica por llamadas que no he hecho porque no tengo el teléfono conectado. He llamado a facturación (1004) y me han dicho que llame a averías (1002), para decirme, cómo no, que tenía que llamar al 1004, que yo no tenía ninguna avería. He intentado explicarle que en el 1004 me han dicho que probablemente se trate de un cruce de líneas o de un fallo del adsl, pero el hombre insitía en que si yo hacía y recibía llamadas no tenía una avería y por lo tanto no podía tomar nota. Se lo he explicado de varias maneras y parece que lo ha entendido aunque no preveo una solución rápida. Luego lo comentaba con Miquel y me ha dicho que otra opción “es ir desde el principio de borde, llamando para darte de baja y diciendo que cobran extra cada mes y como no lo solucionan te das de baja”. Le he respondido, no sin humor, que prefería ser un incomprendido amable, y me ha contestado: “Un pobre idealista que paga extra por el telefono y que se va a quedar sin bicing”.

Otra anécdota profundamente estúpida me ocurrió ayer. Fui a la farmacia a por unos preparados y aproveché para preguntar si tenía algo para el dolor de muelas, que tenía las del juicio y tomaba ibuprofeno pero quería algo que no me dañara el estómago. Y la farmacéutica me dijo: “Sí, toma Nolotil para alternar”. Me da un paquete y cuando llego a casa leo que pone: vía intravenosa o intramuscular. No sé si me expliqué mal o no me entendió, pero yo en casa no tengo jeringas ni sé cómo se utilizan. Supongo que la mujer pensaría que me acababan de operar y que me pincharan en un ambulatorio, o mejor, un practicante. Como tengo que volver a la farmacia devolveré el Nolotil, así que es probable que esta anécdota todavía pueda rematarse.

En otro orden de cosas, hoy he recogido un recorte de periódico que mi abuelo me dejó en casa de mis padres. No sé por qué, porque no he hablado con él sobre toros, quizás se lo diría mi madre, pero la cuestión es que había una fotocopia del ABC enrollada como un papiro. La noticia hablaba de un ciclo de conferencias sobre Antonio Ordoñez en Las Ventas. Y por el otro lado de la hoja había escrito a bolígrafo lo siguiente:

-Antonio Ordoñez-

Hijo de Cayetano Ordoñez - Niño de la Palma (formidable torero). Cuñado de Luis Miquel “Dominguín”, casado con su hermana Carmen González. Tío de Miguel Bosé, hijo de Dominguín, que a su vez es tío-primo de Cayetano Rivera y de Fran Rivera, hijos de Paquirri y de Carmina Ordoñez, sobrina de Dominguín, que su nombre era Luis Miguel González.

Tuve la suerte de verlos a todos en distintas ocasiones.

Aquí me despido, recuerda que debemos probar la videollamada de Skype.

Ánimo.

The Wire (primera temporada)

05 Octubre 2008 13:23 Ginés Alarcón

Se ha escrito y hablado mucho de esta serie, antes incluso de que la emitieran en el Plus o se publicara el DVD, con frases como “es la mejor serie de la historia” o “ha superado a los Soprano“. No creo que llegue a tanto, pero solo porque los Soprano juegan en otra divisón. El resto de piropos sí puede hacer justicia. The Wire es una serie de polis ambientada en Baltimore, Maryland. En la primera temporada el tema central es la droga pero en las siguientes es la burocracia, el sistema escolar o la prensa. En palabras de su creador, David Simon, periodista que llevó la sección de homicidios para el Baltimore Sun, The Wire es un retrato cínico sobre las instituciones mientras se aproxima a la humanidad de los personajes. Todo está podrido: policías, jueces, fiscales, abogados, políticos… Y es en este modelo de ciudad americana donde la serie se detiene en la realidad de cada uno, a todos los niveles, desde el juez corrupto hasta el confidente yonky.

Formalmente The Wire es impecable e incomparable, de ahí los elogios por su singularidad. El guión es excelente y más que la trama, lo interesante es dónde se detiene para explicar la historia y cómo lo hace. Sabemos que no está descubriendo nada pero el modo en el que nos acercamos a esa realidad es tan entretenido como revelador. Y exportable, porque en el fondo sólo hay seres humanos.

La única serie de policías que he seguido con interés es The Shield, y me ha sorprendido comprobar cuántos elementos en común tiene con The Wire (de hecho hay partes de la trama calcadas). Pero hay algunas diferencias que pueden ser útiles para comprender el planteamiento de esta última. The Shield es cámara al hombro y la adrenalina de la calle, correr, perseguir, zurrar, ahora un secuestro, ahora la droga, “mi vecino es un terrorista”, un violador múltiple, las peleas entre negros y latinos, etc… Toda esta energía y velocidad, en The Wire es quietud y silencio. Y una reunión en el despacho del major que acaba con una reverencia y un gentlemen concentra más intensidad que cualquier escena de acción.

The Wire en la Wikipedia y en HBO
Reportaje de Canal + con la opinión de Carlos Boyero y Enric González, entre otros.

Mark Frost y el sentido de Twin Peaks

02 Octubre 2008 19:55 Ginés Alarcón

Mark Frost es escritor, guionista y productor. Este año ha publicado Segundo Objetivo (Ediciones B, 2008), una novela ambientada en la Segunda Guerra Mundial, pero Frost es reconocido, o debería serlo, como coautor, junto a David Lynch, de Twin Peaks. Ante la curiosidad por qué narra uno de los creadores de la serie, me pregunto qué elementos en común tendrá con Twin Peaks. La respuesta es ninguno. Segundo Objetivo es un thriller impecable, una historia de intriga sobre nazis que se infiltran en las líneas aliadas en el último intento de Hitler antes de perder la guerra. La novela tiene un planteamiento claramente cinematográfico, como demuestra su forma de presentar los personajes, entrelazar las tramas y plantear las escenas para el desarrollo de la acción. En esta novela todo tiene una explicación, los acontecimientos se suceden con clara vocación de thriller sin los excesos o carencias que estos suelen tener. Su literatura es sobria, sin apenas adornos, y el peso del argumento y su recreación histórica son más importantes.

Por lo tanto, ¿Quién es Mark Frost? Y sobre todo, ¿Cuál fue su papel en el desarrollo de Twin Peaks?

Mark Frost se hizo un nombre en televisión durante los tres años que trabajó en Hill Street Blues como guionista y director ocasional, trabajo por el cual fue nominado a un Emmy en 1984. Colaboró en otros productos tanto para televisión como cine hasta que un agente, Tony Krantz, le puso en contacto con David Lynch: “One of our mutual agents thought it would be interesting to put us together and see what happened”. Una de sus primeras colaboraciones fue escribir el guión de una película que Lynch producía, era una adaptación del libro de Anthony Summers sobre Marilyn Monroe, Goddess. Pero la película finalmente no se hizo. En 1988 crearon la productora, Lynch/Frost Productions, y en 1990 realizaron Twin Peaks por encargo de la ABC. En una entrevista con el periodista Luke Ford, Frost explica su conexión con Lynch:

“We both had an outsiders mentality. I had never embraced the industry as a way of life. I saw it as a way to make a living. I had many interests beyond film and television. David was the same way. We both had some wild ideas about how to shake things up”.

Frost también da pistas sobre la personalidad de Lynch y el sentido de sus trabajos:

David’s strength and weakness is that he is often able to transcend story because he’s such a master creating mood. His failing is that he’s not a strong storyteller. He doesn’t have a lot of interest in telling a story. He’s not as interested in character as fragments of personality. He’s a surrealist.

En cinefantastico.com, Javier J. Valencia, autor de Twin Peaks: 625 Líneas en el Futuro (Recerca Editorial), explica la importancia de la colaboración entre ambos para el desarrollo de la serie:

Twin Peaks es la obra de David Lynch y Mark Frost principalmente, y es muy difícil que un cerebro solo desarrolle una serie de este formato. El verdadero conocedor del medio televisivo era Frost, y no es difícil suponer que suyas fueron las tramas que tanto engancharon a los espectadores de entrada. Era tan importante el uno como el otro, y el reconocimiento debería estar al 50%, pero solo uno de los dos apareció en la portada de la revista Time… A este respecto, Frost declaró que llegó a sentirse un poco como Paul McCartney tras la muerte de John Lennon. De repente Lennon parecía el único responsable del éxito de los Beatles, cuando lo cierto es que Twin Peaks sin Frost hubiera sido algo completamente distinto, del mismo modo que lo hubiera sido sin Lynch.

Lo cierto es que los trabajos posteriores de Mark Frost no han trascendido como sí han hecho los de David Lynch. Frost juega a golf, ha escrito varios thrillers de éxito, como su primera novela The List of Seven (QPD, 1993), y fracasó al participar en el guión de la película Los Cuatro Fantásticos. Sus otras colaboraciones en televisión y cine, como guionista o productor tampoco se han acercado al éxito que consiguió con Twin Peaks. Sobre su relación con Hollywood declaró lo siguiente:

It’s a time-honored path to the top throughout history. Hollywood is like a medieval courtiers system. There are fiefdoms of power that are like principalities where money and power get concentrated. Those people behave like the Medicis, usually with the same lack of moral acuity. They are city-states. That’s human nature.

Para Quim Casas, autor del libro David Lynch (Cátedra, 2007), “Frost se adentró con conocimiento de causa en los dominios de Lynch, y no es decabellado pensar que el escritor actuara de contrapunto en la elaboración de las líneas maestras de Twin Peaks, frenando o apoyando, según el momento, las invenciones de Lynch respecto al género televisivo”. Casas concluye con, probablemente, la mejor descripción del tandem creativo: “Twin Peaks surgió como la obra compartida de alguien que entendía los resortes de la ficción televisiva y alguien que quería dinamitarlos”.

Mark Frost en Imdb y Wikipedia

Robert Hood (Fabric 39)

23 Septiembre 2008 22:19 Ginés Alarcón

Han pasado cuatro mix-CDs de Fabric y los mismos meses pero recién escuchada, esta sesión merece unas líneas. El motivo principal es que la música de este set no se puede escuchar en el 95% de los clubs de techno. Y menos en CD, cuando escuchar el crujido de un disco ya es exótico. Robert Hood, el que fuera Ministro de Información en Underground Resistance y que cambió la trompeta por el vinilo, sigue fiel a su techno minimalista. Suena clásico, antiguo, a Detroit, aunque casi la mitad de los temas sean de productores europeos como Joris Voorn, Pacou, Steve Rachmad, o Adam Beyer. Es interesante cómo mantiene la esencia para que suene a Detroit, cómo evoluciona, se ocurece, gira al disco-house de The Greatest Dancer y se pierde con Ben Sims, explicando su historia: “It has to have continuity to take you on a ride. It should have a concept and be able to translate and read as such”, dice en la web de Fabric.

Aunque para oscuridad la de su propios temas. Hood ha publicado muy poco en los últimos años (los excepcionales Hoodmusic en Music Man) pero en este mix incluye una serie de ‘Elements’, que son fragmentos de sintetizadores y percusión, génesis de temas apenas estructurados que se intercalan a lo largo de la sesión. Duro en ocasiones y minimalista siempre, hasta en la mezcla, con transiciones rápidas, casi al corte. Una de las excepciones es The Greatest Dancer (M-plant, 2001), comentado antes:

Actualizado 24/09/08 13:08

Aunque la joya y esencia de Robert Hood en YouTube es The Pace (M-Plant 1996):

Fabric 39 (Fabric)
Robert Hood en Discogs y Myspace

Odio Barcelona

21 Septiembre 2008 20:41 Ginés Alarcón

Este post podría haber sido una crónica de la noche Minus en el BAM pero después de comprobar que casi todas las personas con las que hablé iban -ellos, y también sus amigos-, se me quitaron las ganas ante la previsible aglomeración. Así que en lugar de celebrar las fiestas de mi ciudad, Barcelona, acabé el libro Odio Barcelona (Melusina), doce ensayos de autores nacidos después de 1975 que rajan de su ciudad con más o menos salero. Hay varios que no he leído, o mejor dicho, he abandonado. Servidor tiene ciertos resortes que saltan al detectar lo pretencioso de algunas redacciones, como si hacerlo demasiado difícil u original diera más peso a su opinión. Son estilos, más particulares cuanto más quieren dejar claro que se distinguen del vulgo, pero da pereza. Apenas son un par de excepciones, el conjunto es muy entretenido y con ideas ciertamente brillantes que alegra compartir.

Para Carol París, Barcelona vive  “en el suplemento de la Barcelona por venir; aquella que sigue quejándose, expectorando y siempre expectante de algo mejor”. Llucia Ramis se refiere a ella como marca, prostituída desde que se hizo un nombre, “Barcelona no sólo se vende, sino que además, se sabe vender”. Óscar Gual propone un ejercicio divertido, un formulario de entrada a la ciudad que plantea preguntas como ésta:

¿Cuánto modifica la torre Agbar de Jean Nouvel el skyline de la ciudad?
a) Lo modifica de una forma tan ligera como agradable, con el tiempo nos acostumbraremos a su presencia, como a la de la Sagrada Família.
b) Lo modifica tanto como las Cuatro Torres de La Castellana modifican el skyline de Madrid.
c) Lo modifica en un 32,4 %.

Philipp Engel se pregunta: “¿Qué hago yo aquí? o ¿En qué maldito momento de mi vida decidí que esta ciudad había de convertirse en el sarcófago tallado con las muescas de mi dolorosa educación sentimental? Faraón del absurdo, enterrado vivo con todas mis cosas. Esperando que al final todo tenga algún tipo de sentido. Drama. Drama con mayúsculas.” Javier Blánquez, viejo conocido de la prensa musical, se enciende con “la comunidad de los desarrapados que pretenden convertir la ciudad en un enclave medievalizado en el que se funciona por el trueque y la limosna, en el que se lleva la holganza, la precariedad y el vivir tirado”. Y añade: “Ni siquiera es culto dionisíaco al buen vivir ni un estilo alternativo de encajar en la sociedad [...], pues se puede ser Dionisio duchándose cada día, trabajando con disciplina y pagando impuestos, sino un manchurrón humano en la civitas que era menor hasta que se instaló entre nosotros esa pérfida influencia que responde al nombre de Manu Chao”.

También me gusta la visión de Lucía Lijtmaer, que divide su espacio en fragmentos independientes. Uno de ellos dice así:

“En Barcelona ya nadie usa la palabra extrarradio, se habla de periferia urbana. Aún así nadie sabe situar la periferia urbana. No es Santa Coloma. Definitivamente, no es Hospitalet de Llobregat. Ni Sant Boi. Son demasiado importantes ya.
Hay una exposición en el Centro de Cultura Contemporánea sobre la periferia urbana de Brasil. Los jóvenes intelectuales van a esa exposición”.

Agustín Fernández Mallo, gallego, presta su máquina de escribir para que los ciudadanos digan la suya:

“Odio Barcelona porque odia al resto del mundo, pero Barcelona también es el mundo. No lo entiendo”.
“Odio Barcelona porque el centro es muy cuadriculado. Es ajedrez, preferiría que fueran las damas”.
“Odio Barcelona porque son tan fachas que quitan las corridas de toros”.
“Odio Barcelona porque todo está legislado”.

Si me hubiera preguntado diría que odio Barcelona porque lo mejor de esta ciudad es el clima y la comida.

Fiestas de Cabezuela

17 Septiembre 2008 00:01 Ginés Alarcón

Este fin de semana he estado en las fiestas del Cristo del Humilladero, en Cabezuela, provincia de Segovia. Vimos el inicio del encierro en el campo, bebimos vermú y comimos cordero. Y escuché frases como: “Este mozo es grande, me tapará el viento de Fuenterrebollo”, “Lávate el hocico”, “Ahí van las mulas de dos patas”, y la brillante: “Los cantos ruedan y no se sabe dónde paran”, dicha por una prima de mi madre, indignada, cuando pusimos en duda que le sonara la cara de mi amigo Miquel, que vive en Barcelona y tiene cuarenta años menos. Las imágenes del vídeo corresponden a la Charanga Chicuelina, que actuó el sábado en la plaza mayor.

Bandas, dúos y solistas de piano bar

01 Septiembre 2008 23:18 Ginés Alarcón

Hace varias semanas cogí un ferry de Bergen a Hantsholm, para cruzar de Noruega a Dinamarca. Unas 18 horas de viaje, creo. El barco de ida, siguiendo otra ruta, era lujoso, de los que tienen casino, gimnasio, teatro y restaurantes temáticos. Podías leer un rato en el Captain Bar’s, jugar al blackjack o ver un espectáculo de gimnastas saltando. Tampoco era un viaje largo pero tenía estas cosas. En cambio el ferry de regreso era más pequeño y sencillo. Tenía una terraza en cubierta, varios restaurantes y un salón acristalado. Aquel día y aquella noche el mar estaba agitado y era complicado no marearse o caminar sin agarrarse. Fuera hacía frío y el movimiento no aconsejaba encerrarse en el camarote tantas horas. Así que nos sentamos en el salón. Cuando entré le dije a mi colega: “He visto una panda ahí fuera…” Y un rato después entraron en la sala, fueron al escenario, levantaron el telón y se pusieron a actuar. The Dream Makers, son los que actúan en este vídeo tocando Sultans of swing:



No sé cuántas horas nos quedamos ahí sentados, cuatro o cinco con descansos. Era lamentable. Apenas media docena les hacíamos caso. Había familias enteras sentadas alrededor de una mesa, sin hablarse, dejando pasar el tiempo en la más absoluta apatía. También había un chaval tapándose la cara para dormir justo al lado de un altavoz y, en general, gente mareada, como desubicada. Y la banda tocando, ahora Dire Straits, luego Abba, Jackson Five, Bob Marley y demás temas que M80 o RAC105 se han encargado de destrozar en los últimos veinte años. La puesta en escena y el ambiente era terrible, tanto, que me convertí en fan de los Dream Makers. Creo que eran de un país del este. Imagino que deben hacer tandas, intercalando días o semanas. Deben llegar con su furgoneta y la aparcan en la panza del barco como los demás pasajeros, pero ellos no sólo tienen que trabajar, haya mala mar o no, sino que se ponen sus camisetas de intrumentos, y tocan, una y otra vez, los mismos temas, les hagan caso o no.

Recordé otros casos con situaciones similares. En un hotel de Tenerife cuando una noche en la terraza actuaba un dúo, él, con teclado multifunción, y ella, cantando y bailando canción ligera tropical ante la pasividad general. Y otro, en Ginebra, en un bar de cocktails en el que sólo había un barman y un pianista que además de tocar, cantaba temas de Coldplay como si estuviera en el Royal Albert Hall de Londres. Esta profesionalización del intérprete musical convertido en autómata no es tan diferente en el planteamiento de la que hacen tantísimos artistas reconocidos por el gran público. Sólo que aquí las miserias son, en muchos casos, más evidentes. 

A medianoche el ferry hizo escala no sé dónde, y fueron apareciendo en el salón unos veinte caminoneros, nórdicos y alemanes. Se sentaron en los sofás, solos o en grupo, algunos bebían cerveza y otros sólo querían dormir porque no tenían camarote y se tumbaban allí mismo. La banda seguía tocando, las familias se habían ido a dormir, y los camioneros escuchaban los últimos temas, de Guns’n'Roses y Metallica. Baladas terriblemente cursis que incluso algunos se atrevieron a cantar, seguramente fue el aplauso más sincero de la jornada.

Otra historia es la de Louie Austen, vienés de 61 años que hasta hace nueve actuaba en hoteles como crooner. Antes había estado en Las Vegas siguiendo la estela del Rat Pack, interpretando a Frank Sinatra y Dean Martin. Cuando volvió a Viena conoció a dos productores de música electrónica, Mario Neugebauer y Patrick Pulsinger, que le propusieron cantar sobre música electrónica. Austen explica en su MySpace que fue un golpe de suerte: “Una etapa muy especial de mi carrera empezó cuando tenía 53 años y me ha benecificiado enormente en la vida desde que puedo interpretar mis propias canciones y tener un público para ellas”. Esta actuación es de hace unos meses en Barcelona:

www.louie-austen.com
Louie Austen en MySpace

The Dark Knight BSO

30 Agosto 2008 12:43 Ginés Alarcón



Bendita la hora en que se les ocurrió en Warner confiarle la reescritura de Batman a Christopher Nolan. Más allá del guión, el superhéroe creíble, la humanización del mito, etc., Nolan coordina una nueva pieza maestra, en la que además de las interpretaciones de Christian Bale, Heth Ledger y los valores seguros de Morgan Freeman y Michael Caine, brilla especialmente la música de Hans Zimmer y James Newton Howard.

Explican en la Wikipedia que Zimmer es “pionero en la integración de música electrónica y arreglos orquestales tradicionales”, y que en su primera época se dedicó al synthpop y colaboró con Warren Cann, de Ultravox. Entre sus trabajos destacan clásicos tan dispares como Rain Man, The Lion King o La delgada línea roja. Su colega, James Newton Howard, ha firmado la BSO de la mayoría de películas de M. Night Shyamalan. En este vídeo de AP hacen algunas declaraciones y hay imágenes de su actuación en la premiere.

Octave One @ Culture Club, Copenhagen (14/08/08)

25 Agosto 2008 17:26 Ginés Alarcón

Octave One/Random Noise Generation parece que llevan varios años de gira permanente, creo que les llevan el management desde Berlín y les exponen como lo que son, la última banda de techno de Detroit. Una etiqueta que prácticamente sólo tiene valor en Europa, pues en EEUU no les hacen caso. Aquí, en cambio, nos encanta su cacharrería old school y sobre todo su energía, tan lejos de las formas modernas a la que nos hemos acostumbrado. Su directo en Copenhagen, sin embargo, se diluyó en una sala semivacía con un sonido pésimo. Además, tuvieron problemas con su propio equipo y se clavaron en varias ocasiones. Para el recuerdo queda escuchar Blackwater en directo por primera vez y sentir cómo les hierve la sangre. Se puede apreciar en este vídeo grabado en el Rex de París. Cerraron con el mismo tema, del que desconozco el nombre Love & Hate, del álbum Off the grid:

Recupero parte de las declaraciones de la entrevista que les hice por e-mail para la revista Trax, en la que explican su filosofía y la visión del techno de Detroit hoy:

Octave One vs. Random Noise Generation
Myself (Lenny Burden) and my brother Lawrence (Burden) are the main members of both bands, and both bands are electronic bands. With Octave One, we usually produce more synthesizer based music, and with RNG, we experiment with sounds and sample from many different sources. With RNG, we always tried to push a bit more of a stranger edge. Really, it’s more of a production difference, we usually perform live as Octave One/Random Noise Generation. We like to blend the best of both worlds.

New Detroit techno producers
No matter who we are, we all built our music form the same basic building blocks, but how and what it evolves into is up to individual interpretation and experience. We grew up in a different Detroit. The clubs, radio, and general atmosphere we experienced were different. The new Detroit electronic musician interprets this music from his or her own perspective. As an exception, the style and way our younger brothers (Lance and Lorne) make music is a mix of what we have done and what is being done now. They are unique, as they live with a perspective from both times.

Business vs art
We slowed things down radically at our label 430 West. We are still releasing records, Octave One “Somedays” and Random Noise Generation “Rock My Soul”, but we are working more these days on music production. Business and art is a strange mix, but it is called the Music Business. Even as music producers, you must walk the fine line of what is commercially acceptable and artistically fulfilling.

Brothers at work
We are more of a collective, with all of us having every changing duties. We all share the same basic goals. We try and make sure everybody has a chance to express himself, especially on the big decisions. Understanding many things need to be done, rather it be dirty like cleaning the studio or nice like doing this interview, we work together so we can keep making the music we love.

www.octaveone.com
Octave One en Facebook
430 West en Youtube

Leiden Kiel Oslo Bergen Malmo Hamburg

20 Agosto 2008 21:27 Ginés Alarcón

“A mí me gustaría ir al sur, donde haya sol”, me pide Roi desde Leiden, Holanda, donde trabaja y vive desde hace varios años. “Vale, ¿qué te parece Noruega?”, pregunto. Tenemos coche y alojamiento en Suecia y Hamburgo. Además, Octave One actúan en Copenhagen el último viernes. Y así lo decidimos, ferry desde Kiel a Oslo, ruta por Noruega de cinco días, Bergen-Dinamarca en barco, Malmo-Copenhagen y fin de semana en Hamburgo de vuelta a Leiden.

No pisamos Oslo, nos dirigimos hacia el norte y en la primera parada marcamos un destino en el mapa guiados por referencias mitológicas: Jotunheim. Pero nuestro calzado no estaba preparado para una excursión de siete horas a pie cruzando aquel parque natural. Así que decidimos algo mucho más ajustado a nuestros tejanos y zapatillas viejas: Nigardsbreen, la lengua del glaciar Jostedal. De madrugada escuchamos los ríos y el eco del agua de las cascadas, también nos manchamos los pantalones con porquería de la montaña que a través del glaciar, y tras varios miles de años, se había convertido en algo parecido al petróleo. El viaje siguió por carreteras perdidas, y siguieron días enteros en los que apenas había humanos, sólo bosques, lluvia, montañas y ríos, incluso en uno sólo hubo vacas. Y cruzamos parte del Sognefjord, en su parte más estrecha, el Naeroyfjorden. Encontramos un hytte junto a un lago en las afueras de Voss que nos retuvo para el resto del día. Comimos unas cerezas terriblemente amargas que vendían en casetas a un lado de la carretera, y salmón, mal cocinado, con patata y zanahoria hervida. Pero nos llevamos chorizo, que asamos en una barbacoa en un valle perdido, cerca de Jondal. Escuchamos Burial, Moondog y Matthew Dear, y compartimos el vino y el whisky en un camping a quince kilómetros de Bergen.

Cruzamos en ferry a Dinamarca, y en cinco o seis horas nos plantamos en Malmo, Suecia, en casa de Andreas, y Roi se tumbó. Nos llevó por su barrio, cenamos pizza de jamón de parma y rúcula, y acabamos en el Kulture Club de Copenhagen viendo a Octave One. Al día siguiente, Christiania, y al otro nos acostábamos en el barrio de Altona de Hamburgo tras tomar una weissbier. Nuestra última parada antes de llegar a Leiden fue en una gasolinera Texaco, mientras escuchábamos Calexico.